sábado, 19 de noviembre de 2011

#11

La noche caía oscura, con un velo de estrellas que se cernía sobre la casa formando una enorme fila hasta el horizonte. Los tejados de color rosado quedaban invisibles ante aquélla oscuridad densa y sin luna, y lo único que hacía que allí se supiese que había una casa era el brillo casi fantasmal de los cristales bajo la luz artificial de las farolas. Sara cruzaba la calle oculta bajo la capucha del extraño abrigo, que casi parecía una gabardina. Su rostro, oculto bajo una ancha bufanda debido al frío invierno, se mostraba impasible mientras caminaba hacia la mansión con aire decidido. Sus ojos emitían un brillo extraño, casi maravilloso, aunque peligroso al mismo tiempo, y que hacía que mucha gente no supiese cómo reaccionar cuando se la encontraban.
El motivo de su visita, a tales horas de la noche, tan sólo lo conocía ella. Estaba cansada, y el viaje en metro hasta su destino había sido muy largo, pues estaba abarrotado de gente borracha y locos, pero había merecido la pena. Ahora podría investigar por su cuenta y saber al fin qué pasó aquel día. Sin embargo, ahora no era el momento. Debía esperar a la mañana siguiente, a que llegase su contacto. Mientras, ella debía quedarse en la cutre pensión que había tenido que pagar de su propio bolsillo, en donde la chica había dejado sus posesiones con anterioridad. En sus bolsillos, tan sólo se encontraban las llaves de la casa a la que debía ir, su móvil, y algún que otro pañuelo de papel ya usado.
Exhausta, decidió ir por fin hacia la pensión, dos o tres calles más abajo en aquel pequeño pueblecito, mientras se internaba por estrechos callejones apenas iluminados para poder llegar.

#10

Desgraciadamente, estoy harta. Estoy muy, muy harta. Harta de que haya tiempo para todo excepto para mí; de que le apetezca hacer de todo con todo el mundo excepto conmigo, y de que además tenga que ser yo la comprensiva, la que debe de mirar por ambos. Él me ha dado mucho, sí, pero cuando sabe que estás mal y se va de todas formas te duele, y te duele mucho. Cuando le suplicas que no se vaya, que se quede contigo hablando, en lugar de ver una película que puede ver en otro momento y que tú te quedes llorando frente al ordenador sin poder reprochárselo duele.
Que sí, que sé que hay más cosas aparte de mí. Pero es que si es él, yo dejo cualquier cosa que quiera o tenga que hacer por estar a su lado. Pero no puedo decírselo a él sin que haya problemas ni malestar. Y sí: "Serniotti es muy buena, muy comprensiva. Qué buena novia", pero luego no sabe qué hacer, o directamente sé que a veces pasa. Me hace feliz, pero en momentos como este no quiero hablar con nadie, ni hacer nada de nada. Él es lo único que tengo y últimamente, por estas tonterías, es como si lo perdiese poco a poco. Estoy mal, fatal... Quiero huir, y huir con él, pero a la vez estar sola un rato y relajarme. Quiero esperarle, pero a la vez dormirme y no despertar hasta mañana, dándome igual de todo. Le amo muchísimo, pero es que no me encuentro bien. Y nadie lo ve.

domingo, 6 de noviembre de 2011

martes, 11 de octubre de 2011

#8

Esperanza. Ganas. Querer. Amar. Intentarlo. ¿En serio? Ni por asomo es tan fácil. Muchos creen que teniendo la fórmula de decir "te amo" de vez en cuando la relación será perfecta.
Eso es mentira. Todo va mucho más allá. El amor es mucho más complicado que una fórmula y mucho más complejo que un simple pensamiento. Se lleva en la respiración, en el brillo de los ojos, en la sonrisa, en las ganas de levantarte cada mañana, o simplemente para abreviar; dentro de ti.
Y lo mejor, o peor, depende de cada cual, es que la forma de querer o amar de cada persona es completamente distinta. No es sólo contar un día o fecha importante; cada día es especial. Ni siquiera es atracción hormonal, como dicen muchos. ¿Cómo si no he podido enamorarme de alguien a quien no vi ni una sola vez hasta hace unos meses? Y amar de verdad.
El brillo en los ojos cada vez que se habla de esa persona es inevitable, y te delata en ese concepto tan grande que es una persona en sí misma. A veces me pregunto: ¿Hay siempre alguien para nosotros? ¿Ocurre todo por casualidades de la vida? ¿Qué hubiese pasado si hubiera decidido elegir la otra opción? ¿Todo sería como ahora, o una realidad distinta aunque con elementos parecidos?
Nunca lo sabré. La vida tiene esas cosas, hay que arriesgarse. Si no te arriesgas no pierdes, claro, pero el problema es que tampoco ganas. Y si te arriesgas en cosas como este tema, el amor, hay que pensar siempre que la parte buena será que si sale mal no estarás peor que antes. No hay que ganarse a alguien con tu cuerpo, ni con mentiras, ni fingiendo ser quien no eres. Es muy simple: hay que ser lo que realmente eres. Si esa persona es la adecuada, te aceptará. Así de simple. Y no se necesita un súper peinado, ni un cuerpo perfecto, ni siquiera maquillaje. Sólo confianza y ganas.
Puede que yo no sea la persona más indicada para decir esto, pues me considero a mí misma (a veces, no todo el rato) el último peldaño de una escalera, pero el que está más abajo. Pero a pesar de ellos siempre queda algo, ¿no? Quiero decir, siempre hay algo bueno para lo malo, aunque sea tardío...

miércoles, 5 de octubre de 2011

#7

¿Cómo poder sonreír cuando la persona que amas te ha dicho algo que te quema por dentro, poco a poco, y te va consumiendo sin que puedas hacer absolutamente nada para remediarlo? ¿Cómo ser feliz en ese momento de decepción que te llevas al saber la verdad sobre algo que jamás imaginarías que hubiese pasado? Y es aún peor cuando tu razón te dice que sí lo sabías en el fondo, pero tu corazón te dice que debes afrontarlo y seguir adelante.
Ella nunca se imaginó en esa situación. Pensaba que eso era cosa de las películas malas que ponían por las tardes en la televisión, o de relaciones fallidas de un solo día. Mientras la música sonaba en sus auriculares, se acurrucó en el asiento del autobús para contemplar cómo los árboles se veían por la ventana pasar a toda velocidad. ¿Cuándo había tenido dudas sobre su relación? Ella sólo quería haber sido la primera... pero no lo era. Y le dolía, le dolía muchísimo. Nunca se había visto en esa situación de impotencia, en la que una cosa del pasado que ni siquiera le afectaba directamente podía hacerle estar tan mal e incluso llevarla a pensar locuras como dejarlo todo atrás. Sólo fue un fallo que tuvo, se decía. ¿Realmente lo fue?
Dos lágrimas cayeron por sus mejillas, rodando así hasta caer sobre su regazo, tristemente. Colocó las manos sobre su rostro, oyendo cómo su compañera de asiento le ofrecía un pañuelo, pero sin hacerle caso. Sólo quería verle, abrazarle y perderse entre los brazos de él una vez más, como aquélla vez...
Habían llegado a la parada de autobús. En cuanto bajase, sabía que tendría que ocultar sus verdaderos pensamientos y sentimientos una vez más, y sonreír al llegar a casa, dándole un beso a todo aquel que encontraba. Odiaba su propia falsedad...

viernes, 16 de septiembre de 2011

#6

Ni una palabra había salido aquel día de sus labios, ni una lágrima había escapado de sus ojos, y ni una sonrisa se había atisbado en sus ojos. El camino hacia su supuesto lugar no era demasiado largo, apenas media hora en coche, pero ella hubiese deseado que estuviese a años luz de allí. Su lugar no era en ese sitio, no con esa gente, no con esas sensaciones. Su lugar estaba a casi cuatro horas en coche, con él, a su lado, con una sonrisa en el rostro y unos abrazos llenos de amor.
Colocó una mano sobre el cristal, pensando... deseando... escapar de allí. No quería estar con gente que no la apreciaba, gente a la que le daba igual si vivía o si moría. Antes de que una lágrima triste rodase por su mejilla, la recogió sobre su ojos y subió el volumen de la música en sus auriculares. No iba a darles esa satisfacción, ni iba a llorar por miedo ni por estar allí. Ella era mucho más fuerte, ella valía más que unos cuantos insultos o palabras necias que sólo querían hacer daño. ¿Y qué si sólo podía confiar al cien por cien en una persona? Al menos tenía alguien en quien confiar no como ellas. ¿Y qué si él estaba lejos? Al menos sabía que estaba ahí, y que pasara lo que pasara no la iba a abandonar.
Y a pesar de estos pensamientos, no sonrió. ¿Por qué? ¿Por qué a ella? Nunca lo comprendería. Ella no se metía jamás con nadie, y además era bastante tímida como para hablar abiertamente con nadie sin haber cogido un poco de confianza antes. ¿Por qué le atosigaban antes diciéndole, ellas, que en realidad era las únicas amigas que tenía? Sus amigas no estaban quizás las seis horas de instituto, pero le bastaba estar con ellas la media hora del recreo para que la hicieran reír y disfrutar, y recordarlas todo el día.
En realidad, en su vida había mucha gente buena. Gente que sólo una mínima parte de ellos valía cinco veces más que quién me hacía sufrir. Sin embargo... Los malos eran demasiados y ella sola no podía, ya que los demás no estaban a todas horas con ella...
Pensando ésto, se dio cuenta de que habían llegado. Ahí estaba el edificio de dos plantas de piedras marrones y tejados de chapa, con tejas verde botella. Inspiró y expiró profundamente antes y después de bajar del coche, tomando fuerzas para nueve meses más de tortura. De todos modos, ese era el último año...

jueves, 15 de septiembre de 2011

#5

Los últimos rayos del Sol bailaban traviesos mientras se escondían tras los tejados de las casas. Ella, asomada al balcón, miraba por encima de éstos diciéndose a sí misma que algún día fotografiaría esa bella imagen. Pero sabía que no lo haría. Recordaba lo que una vez le dijeron: "Lo verdaderamente hermoso se guarda con los sentidos, no con una máquina fotográfica. Los recuerdos son mucho más valiosos que cualquier objeto material". No pudo evitar que una oleada de tristeza le hiciese suspirar al recordar a la persona que le dijo aquéllo.
Pese a eso, no pudo evitar esbozar una sonrisa cuando el sol se ocultó definitivamente a la misma vez que las campanadas de la iglesia del pueblo sonaban, como cada tarde de verano. Pero de pronto se sintió insignificante. Ninguno de sus amigos la había llamado en todo el verano, y el curso se le había hecho prácticamente inaguantable gracias al típico grupo de acosadoras, que la rodeaban los recreos y le echaban la culpa de todo. "Maltrato psicológico, se llama", pensaba. 
Cansada y triste, levantó la persiana para volver a meterse en casa. Ese día estaba sola, pues sus padres habían ido con su hermano a un viaje para ver a su familia, y no volverían hasta el día siguiente. Ella no había querido ir, pues no soportaba comentarios como "¿qué tal el curso?", "¿y los amiguitos?", "¿qué, ya tienes novio?"... Y tener que responder que todo iba bien con una sonrisa, y reír con sus bromas, cuando lo único que quería en realidad era encerrarse en su habitación para llorar y llorar.
Se sentía patética, abandonada e inmadura. Nada estaba bien. No se sentía guapa, ni lista, y además era una cobarde y una llorica.
Pero la verdad es que ella no era tan fea, quizás no una súper modelo, pero tenía un pelo rubio precioso, unos misteriosos ojos verde oscuro y sus notas no bajaban del siete. Pero aún así, ¿de qué le servía todo aquéllo si nadie prácticamente la quería?

martes, 16 de agosto de 2011

lunes, 15 de agosto de 2011

#2

No sé por qué me ha dado por escribir todo esto. Tengo a amigos sufriendo, a personas que quiero sufriendo... Y tienes esa sensación de que no puedes hacer nada por ellos, porque por más que lo intentes sólo eres una sonrisa en un abismo de oscuridad. Y nada de esto me hace gracia ni me gusta, pues los quiero demasiado para verles así... Pero aún así no puedo abandonarles.
Saben que deben seguir adelante con sus problemas, que nada de lo que les haya pasado ya o de lo que hayan sufrido importa, pues eso ya no puede arreglarse. Lo que importan son los de ahora, los que te hacen sufrir en este instante y que hay que ponerle todo tu empeño en remediarlos.
Todos hemos estado mal en nuestro momento; unos por unas cosas y otros por otras. Aun así no dejan de ser problemas paralelos y parecidos, por lo que todo el mundo sabe lo que se siente, pues nos ha pasado en algún momento de nuestra vida. Y ya puede ser por una enfermedad, una relación fallida, una amistad acabada, o simplemente sentirse rechazado o rechazada en algún sitio. Sin excepción todos hemos pasado por eso, unos más que otros, por lo que cuando digo algo sé de lo que estoy hablando exactamente.
Pero la gente no hace milagros, ni tiene una varita mágica con la que soluciona el problema en un abrir y cerrar de ojos. Cuesta mucho, y a veces duele, pero no por eso hay que abandonar, ni dejarse llevar poco a poco fingiendo estar bien. Hay que... superarlo.

#1

Todo comenzó el día que decidí ir a pasar la tarde con una amiga. Ambas estábamos por aquel entonces en el conservatorio, yo en saxofón y ella en piano, y al tener la misma edad coincidíamos en clase. Era verano, y por lo tanto el curso ya había terminado. Ella me había invitado a su casa a echar el día, hablando y haciendo las típicas chorradas que se hacen con doce años, como por ejemplo haber ido a su casa. Aunque estábamos juntas en el conservatorio, no lo estábamos en el colegio: cada una estaba en uno distinto, y ella incluso en un colegio de otro pueblo. Supongo que, poco a poco, ella junto con la madre fueron comiéndome la cabeza para que viese lo bien que se estaba en donde la chica estaba y, como yo había pasado un primero de E.S.O bastante malo donde me encontraba en ese momento, decidí cambiarme.

Apenas un mes antes de que el cuso empezase, la chica volvió a invitarme a su casa, como tantas otras veces ese verano. Mi madre se quedó hablando con la suya, y poco después nos llamaron para que ambas fuésemos también. Días antes, yo había hablado con mi madre sobre la posibilidad de cambiarme de colegio, y al parecer se lo había estado pensando. Esa fue la razón por la que fue a hablar con la madre de mi amiga: iba a cambiarme. ¡Por fin! Eso fue lo que pensé en ese momento, pero, ¡ay pobre de mí! Si yo hubiera sabido en ese momento... Quizás me lo hubiese pensado todo dos veces.