miércoles, 28 de septiembre de 2016

Fic: BOSSUET, MUSICHETTA Y JOLY

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Fic: BOSSUET, MUSICHETTA Y JOLY YEAH NIGGA

La tarde era aburrida, del palo que no había nada que hacer, así que Bossuet terminó de raparse el cabello y se colgó su enorme cadena de oro al cuello, hizo unas cuantas posturas delante del espejo para asegurarse de que estaba tan bueno como siempre. Al salir de casa se aseguró de no haberse olvidado la pipa; nunca se sabe cuándo podrían aparecer los de la banda rival y tener que defender su territorio de esos malditos niggas.
Se dirigía a casa de Musichetta, caminando como los raperos mientras improvisaba raps de negros. Llamó a la puerta de su pivita con ánimo, y escuchó a Musichetta desde dentro gritarle a su padre.

-¡Joder, negro, viejo de mierda, que me dejes, que voy a salir! ¡Esos niggas no van a hacer que me quede en casa, si me amenazan les saco la navaja!

La chica salió de casa con sus mayas fluorescentes y un escote hasta el ombligo, como una buena negra, y se lanzó a los brazos de Bossuet. Los dos se besaron con sus labios negros, porque eran negros como el carbón, y se fueron de la mano mientras el chico hablaba.

-Eh, nena, vamos a llamar a Joly que me apetece echar unas canastas. A ver si se le pasa esa mierda de que está enfermo. Me lo traigo un par de veces al Bronx y que le peguen dos tiros y cuando le tengan que sacar el plomo en la casa de Bahorel con un cuchillo de cocina verás cómo se le pasa.

La cara mulata de Musichetta se tornó en una sonrisa, saludando al chaval que pasaba por su lado con un choque de manos de negros, como buena nigga que era, y siguieron caminando.

***

En el Musain, Joly sacaba la lengua después de beber un poco de café que le había servido Bahorel, que se sentaba delante de él, con media cabeza vendada por el tiro que le había pegado el Johnny. Joly estrechó sus ojos de chino, porque es chino como miles iguales en el mundo, no sé qué han visto en él Musichetta y Bossuet si son como cromos repetidos, pero bueno. Bahorel dio un golpe en la mesa, hablando con su voz de hombre blanco y varonil:

-Pero a ver, tío, cuéntame. Esa piva con la que quieres lío, ¿Musichetta? Cuéntame cómo es.

Durante unos segundos, Joly cogió su ábaco e hizo unos cálculos como buen chino, antes de contestar.

-Pues sí, quelido amigo. Es una neglata como Dios manda, con un culo plominente y una boca pol la que no deja de decil palablotas. Tiene unas tetas que ya las quisielan las chinas de mi pueblo, y unas nalgas con las que me pone como un loco cada vez que hace twelking.

Bahorel pensó que quién achuchara el chucho en ese culo, si era como lo describía su amigo.

-Joder, chino, sí que tienes buen gusto. Pues ya sabes, cómprale cosas brillantes y de oro que eso les gusta mucho a las negras.

En ese momento, Bossuet y Musichetta aparecieron por la puerta del Musain. Hostia, cómo estaba Bossuet también, pensaba Joly; no por nada era quien le meneaba el churro. Bossuet soltó el radiocasette que llevaba al hombro sobre la mesa, señalando el culo de Musichetta que había entrado haciendo twerking, que es lo que hacen las buenas negras como ella, hasta que su acompañante apagó la música. 'Chetta puso las tetas delante de la cara de Joly, meneándolas:

-Eh, chino, vente al parque a echar unas canastas. Date prisa, que no tengo todo el día, mothafucka.


Un rato después habían llegado a un parque a las afueras del Bronx y comenzaron a jugar al baloncesto. El culo de Musichetta botaba tanto como la pelota, y cada vez que pasaba un coche lo pegaba a la valla haciendo twerk. Mientras tanto, cada vez que botaba la pelota y le tocaba a Joly cogerla, la desinfectaba con gel.

-IUUUUUUUUUU. -Decía cada vez que la tocaba, sacando la lengua de vez en cuando, que se reflejaba en los oros de Bossuet.

-Chino de mierda, lanza ya, que a ver si en vez de comerte los morros voy a tener que partírtelos. -Decía Bossuet airado.

-¡Peldón!

En ese momento, la otra banda aparecía, y se enzarzaron en una batalla de gallos, donde Musichetta bailaba y se quitaba la camiseta al ritmo de la música, hasta que Bossuet sacó la pipa que tenía preparada y los mató a todos, porque la guarra de su novia no dejaba de zorrearles.
Luego, Bossuet, Joly y Chetta follaron en la casa de Bossu hasta la mañana siguiente, con Joly encima para no tocar las sábanas, claro. Los tres juntos eran la pareja ideal.
Aquellos dos negratas y el chino hipocondríaco cabrón era lo mejor que le había pasado a Francia desde hacía mucho tiempo.


FIN.