jueves, 7 de junio de 2012

#17

Nunca volverás a cortar mis alas. Nunca jamás. Me merezco el respeto y el aprecio que tú ya no tienes conmigo, que ignoras como si yo fuese una pesada que no conoces de nada y de la que te has cansado porque cada vez que puede te habla. ¿Vas a ser borde? ¿Vas a despreciarme cada vez que intente hacerte feliz? Creo que no, porque me merezco más que eso. No puedes reprocharme nada ahora, porque intento con toda mi alma seguir adelante, que sigamos adelante. ¿Que soy poca cosa? Eso lo sé mejor que nadie. Mejor que tú, incluso. Puedo darte todo lo que tengo, todo lo que soy, pero estoy muy cansada de que abuses de mí como si no tuviese valor alguno, como si nada de lo que hago importase. Soy una persona, te guste o no, y existo. 
Si no me quieres tal y como soy ya puedes marcharte de mi vida, porque vas a perderme por ser un maleducado cuando no merezco más que me trates mejor que a ti mismo. 
Eres un idiota.

martes, 29 de mayo de 2012

lunes, 12 de marzo de 2012

#15

Esta es una vida real. Este es un sueño real. Es mi vida. Es mi sueño. Siempre he querido ser alguien que no soy realmente. Pero soy quien yo quiero. Me gusto. Soy loca y divertida, y hasta ahora no me había dado cuenta. Soy una buena persona. No quiero ser más guapa, más alta o más popular. Me gusto como soy. La vida no es horrible, ya veré a algunos de mis amigos cuando vaya a Madrid. Y lo mejor es que sé que ellos me abrazará, y yo les diré cuánto les quiero e intentaré devolverles, a todos, los de allí o los de cualquier parte del mundo, todas las cosas buenas que han hecho por mí. Porque les quiero. Tengo todo lo que podría desear; soy quien quiero ser. Y todo esto os lo debo a vosotros; a vuestro apoyo, a las ganas de que siempre siga hacia delante, a no dejarme sola. Y, sobre todo, a no dejarme caer jamás. Por todo esto, quiero haceros un regalo. Puede que no sea muy caro, muy grande o muy bonito, pero es de corazón. Quiero daros todo el amor y cariño que guardo.

                                   

jueves, 16 de febrero de 2012

jueves, 2 de febrero de 2012

#13

Hay días en los que, por más frío que haga, ni una y otra capa de ropa de abriga. Y es peor aún si ese frío es interno. Confiar en alguien para que, en cuanto te des la vuelta te diga: "Así demuestras lo que eres", ya que no has hecho lo que esa persona quería, es muy, muy triste. Personas que sólo te quieren cuando están solas y tan sólo necesitan un apoyo sobre el que sentirse superior, y luego pegarle la patada. Me llevo dando cuanta de esto desde hace varios meses, de que ya pasa de todo lo que tenga que ver conmigo. Sólo he de decir que esa misma persona se queja de la falsedad de la gente.
Porque no puedes decirle a alguien que eres quien más quieres y luego que, entre dos, se la ponga a parir. Por eso yo opto por la opción de callar, y así no me meto en ningún lío. Pero hay veces que la vena asoma por tu cuello cuando llevas razón y no puedes callarte. Quizás yo no sea la más indicada para decir esto, pero es hablar o reventar. ¿Por qué pasan estas cosas? Nunca entenderé la hipocresía de la gente. Quizás por eso no caiga bien como los demás; si algo no me gusta, lo digo y punto, no necesito fingir. Aunque eso no signifique que no lo respete, pues eso es lo primero que hay que tener en esta vida: respeto. Pero mucha, demasiada, gente carece de ello y sólo por una mala impresión ya te hace la vida imposible durante años y años. Hasta que explotas.
Y, el día que explotas, te llevas por delante todo lo que se encuentre en medio. Lo sé simplemente por el hecho de que me ha pasado. Llega un momento en el que te da igual decir lo que sea, o hacer daño, pues llevas demasiado tiempo mordiéndote la lengua y tu mente, corazón y autoestima no pueden más. ¿Y es que acaso lo he perdido todo? Para nada, simplemente me ha servido para saber quién no va a abandonarme jamás. Porque ahora entiendo la frase de: "Los amigos de verdad se cuentan con los dedos de una mano".
En realidad sólo te hace falta el dedo índice para contarlos.

domingo, 29 de enero de 2012

#12

Hay días en los que todo va mal. O semanas. O meses. Mi caso es así. No sé qué decir, qué hacer, qué pensar, qué sentir, qué decisión tomar. Me siento una muñeca en un absurdo juego del que no puedo salir, alguien que se tambalea dejándose llevar por los sentimientos de los demás.
Sin embargo, a veces todo se desborda. Estoy sola, abandonada, y sobre todo triste. Me siento una segundona. No sé si un estúpido juego es más importante que yo, pero al menos es así como me siento durante el día. Estoy harta de llorar; me duelen los ojos, tengo los labios resecos y las mejillas pálidas. Nunca me había sentido triste durante tanto tiempo seguido.