viernes, 16 de septiembre de 2011

#6

Ni una palabra había salido aquel día de sus labios, ni una lágrima había escapado de sus ojos, y ni una sonrisa se había atisbado en sus ojos. El camino hacia su supuesto lugar no era demasiado largo, apenas media hora en coche, pero ella hubiese deseado que estuviese a años luz de allí. Su lugar no era en ese sitio, no con esa gente, no con esas sensaciones. Su lugar estaba a casi cuatro horas en coche, con él, a su lado, con una sonrisa en el rostro y unos abrazos llenos de amor.
Colocó una mano sobre el cristal, pensando... deseando... escapar de allí. No quería estar con gente que no la apreciaba, gente a la que le daba igual si vivía o si moría. Antes de que una lágrima triste rodase por su mejilla, la recogió sobre su ojos y subió el volumen de la música en sus auriculares. No iba a darles esa satisfacción, ni iba a llorar por miedo ni por estar allí. Ella era mucho más fuerte, ella valía más que unos cuantos insultos o palabras necias que sólo querían hacer daño. ¿Y qué si sólo podía confiar al cien por cien en una persona? Al menos tenía alguien en quien confiar no como ellas. ¿Y qué si él estaba lejos? Al menos sabía que estaba ahí, y que pasara lo que pasara no la iba a abandonar.
Y a pesar de estos pensamientos, no sonrió. ¿Por qué? ¿Por qué a ella? Nunca lo comprendería. Ella no se metía jamás con nadie, y además era bastante tímida como para hablar abiertamente con nadie sin haber cogido un poco de confianza antes. ¿Por qué le atosigaban antes diciéndole, ellas, que en realidad era las únicas amigas que tenía? Sus amigas no estaban quizás las seis horas de instituto, pero le bastaba estar con ellas la media hora del recreo para que la hicieran reír y disfrutar, y recordarlas todo el día.
En realidad, en su vida había mucha gente buena. Gente que sólo una mínima parte de ellos valía cinco veces más que quién me hacía sufrir. Sin embargo... Los malos eran demasiados y ella sola no podía, ya que los demás no estaban a todas horas con ella...
Pensando ésto, se dio cuenta de que habían llegado. Ahí estaba el edificio de dos plantas de piedras marrones y tejados de chapa, con tejas verde botella. Inspiró y expiró profundamente antes y después de bajar del coche, tomando fuerzas para nueve meses más de tortura. De todos modos, ese era el último año...

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