lunes, 15 de agosto de 2011

#1

Todo comenzó el día que decidí ir a pasar la tarde con una amiga. Ambas estábamos por aquel entonces en el conservatorio, yo en saxofón y ella en piano, y al tener la misma edad coincidíamos en clase. Era verano, y por lo tanto el curso ya había terminado. Ella me había invitado a su casa a echar el día, hablando y haciendo las típicas chorradas que se hacen con doce años, como por ejemplo haber ido a su casa. Aunque estábamos juntas en el conservatorio, no lo estábamos en el colegio: cada una estaba en uno distinto, y ella incluso en un colegio de otro pueblo. Supongo que, poco a poco, ella junto con la madre fueron comiéndome la cabeza para que viese lo bien que se estaba en donde la chica estaba y, como yo había pasado un primero de E.S.O bastante malo donde me encontraba en ese momento, decidí cambiarme.

Apenas un mes antes de que el cuso empezase, la chica volvió a invitarme a su casa, como tantas otras veces ese verano. Mi madre se quedó hablando con la suya, y poco después nos llamaron para que ambas fuésemos también. Días antes, yo había hablado con mi madre sobre la posibilidad de cambiarme de colegio, y al parecer se lo había estado pensando. Esa fue la razón por la que fue a hablar con la madre de mi amiga: iba a cambiarme. ¡Por fin! Eso fue lo que pensé en ese momento, pero, ¡ay pobre de mí! Si yo hubiera sabido en ese momento... Quizás me lo hubiese pensado todo dos veces.

No hay comentarios:

Publicar un comentario