Lo intento, pero no puedo evitar que me dé igual la gente a la que no le importo. Y no es que sea desagradable, fría, esté triste o sea aburrida, como soléis pensar. Es que simplemente no vale la pena entregarle lo mejor de mí a quienes lo van a coger, van a reírse de ello, y luego lo tirarán a la basura.
Tal vez sea una hipócrita, porque sé que yo también necesito a las personas, necesito sentirme querida. Pero aunque penséis que por no sonreír no intento ser feliz, no es así. Sé quién merece mi sonrisa, mis "te quiero" y mis "te amo", mis abrazos y mis "todo va a salir bien".
Me sentí desfallecer durante mucho tiempo, me rompí en mil pedazos y sonreí para intentar hacer creer que todo iba bien. Y, seamos sinceros, no somos ciegos y nos damos cuenta de estas cosas. Pero yo no soy una persona atrevida, ni valiente. Necesito que me abracen sin que yo misma sea capaz de hacerlo, que me hablen sin que yo nunca jamás haya dicho una palabra.
Por eso, y sólo por eso, al llegar a casa sólo quiero estar con ellos. Esa gente con la que puedo pensar en voz alta. Y sí, tengo una coraza alrededor de mi corazón, de mis sentimientos, pero no es una barrera tan fuerte como para que un abrazo no la traspase. Soy fuerte, soy optimista, pero aún sigo rota en mil pedazos y necesito recomponerme.
¿Qué es la felicidad? La felicidad es lo que tú quieres que sea.
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